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BIBLIOTECA

 

 

¿Os gusta el  nuevo sello de la biblioteca?  

 Como  podéis ver  es un cactus que esta plantado en una maceta muy especial, es un libro abierto.

Este sello tiene detrás una historia muy bonita que como todas las historias interesantes están en los libros, esta en concreto esta sacada de uno de mis  preferidos  (¡son muchos....!.).

Un día le pedí a la profesora de tecnología  Mari Carmen Limpo que plasmara en un diseño un texto del libro “La fuerza de uno” de Brice Courtenay  junto  a un comentario de Luis Daniel González  donde  unía  la idea del libro con el cactus. El resultado ya lo veis , como todo lo que hace “la Limpo”...original y estupendo.

 

 

 

NUESTRO  CACTUS

 

 

 

  LA FUERZA DE UNO       Courtenay PEEKAY

 

   "Corrí por los túneles de Alicia en el país de las Maravillas y bajo las moreras hacia la libertad de la colina, la subida obstaculizada por los sollozos. Llegué por fin a la seguridad de la gran peña y, una vez allí, me permití una buena llantera. Caía el sol terrible de la tarde y el pueblo se asaba de calor abajo. (...)

Es un crepúsculo  magnífico, ¿ja?. Este es siempre el mejor sitio.

 

    Miré detrás de mí y vi un hombre alto y delgado, más alto, mucho más, y puede que hasta más delgado que mi abuelo. Llevaba un sombrero  de campo maltrecho y viejo  y el cabello,  níveo, le llegaba a los hombros.”

 

    Así entró el profesor Von  Vollensteen, Doc, en mi vida. Yo Tenía sólo seis años. Poco tiempo después, convenció a mi madre para que, a cambio de darme clases de piano, me dejara acompañarle en busca de cactus para su jardín, situado “en la cima  más o menos llana  de un pequeño cerro que dominaba el pueblo y el valle“. Para llegar a ella había que subir diez minutos de  cuesta hacia la soledad, por una carreterita de piedras y tierra que no llevaba a ninguna otra parte. Aquel jardín de cactus  puede que fuese la mejor colección privada de cactus del planeta. Yo, que me convertí en un especialista en cactus, no he visto nunca otro mejor”.

   Lo cierto es que mi madre, desconcertada y encantada a la vez, terminó accediendo a su petición cuando Doc  le explicó su teoría sobre los cactus:

 

     “Si Dios eligiese una planta para representarle, yo creo que elegiría entre todas ellas el cactus. El cactus posee casi todas las bendiciones que El intentó otorgar al hombre, casi siempre en vano. El cactus es humilde pero no sumiso. Crece  donde no es capaz de crecer ninguna otra  planta. No se queja si el sol le quema la espalda, ni si el viento lo arranca del acantilado o lo sepulta en la arena seca del desierto, ni si esta sediento. Cuando llega la lluvia almacena agua para futuros tiempos difíciles. Florece lo mismo en el buen tiempo que en el malo. Se guarda del peligro pero no hace daño a ninguna otra planta. Se adapta perfectamente casi a cualquier medio. En Méjico hay un cactus  que sólo florece una vez cada cien años y de noche. Eso es santidad de un grado extraordinario, ¿no está usted de acuerdo? El cactus tiene  propiedades que le permiten curar las heridas de los hombres, y  se extraen de él pociones que pueden hacer que un hombre toque el  rostro de Dios o se asome a la boca del infierno. Es la planta de la paciencia y de la soledad, del amor y de la locura, de la belleza y de la fealdad, de la dureza y de la suavidad. ¿ No cree usted que de todas las plantas fue al cactus la que Dios hizo a su propia imagen? “

 

   Sabemos bien que desarrollar los hábitos lectores de un chico no es siempre una tarea fácil , pero los padres y educadores saben que conseguirlo depende  mucho de la calidad de los estímulos: es distinto crecer escuchando  buenas historias cuando uno es pequeño, que ser abandonados  delante de la televisión; no es lo mismo tener que no tener una biblioteca apropiada en casa; no da igual ver cómo disfruta leyendo un padre, una madre, un hermano, que no verlos nunca con libros en la mano...

    La lectura se valora y se ama cuando, alrededor, se encuentran personas que tratan y hablan de los libros con tanto entusiasmo como Doc habla de los cactus. Por "connaturalidad", se familiariza uno con esos objetos humildes pero no sumisos que enseñan el valor de la paciencia y de la soledad. Se descubre que, bien escogidos, tienen propiedades que incluso permiten curar las heridas de los hombres. Y se aprende que, como los cactus cuando llega la lluvia, almacenan agua para tiempos difíciles y por tanto, están disponibles para acudir a ellos en cualquier tiempo.

 

                                         Lourdes Palá Campo, Junio 2007

 


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